El valor del jade, antes que material, era de índole mágico-religioso, por lo que la piedra fue utilizada para la elaboración de objetos sacros y artísticos. La posesión del jade era marca de alta jerarquía y la aristocracia se embellecía con orejeras, pendientes, collares, máscaras, pectorales y muñequeras donde lucía la piedra. Incluso los gobernantes usaban pequeñas piezas para decorar sus dientes.
Al jade se lo asociaba con la fertilidad, los granos de maíz tierno, el agua y la vida. Los chalchihuites (piezas redondas hechas de jade) se colocaban en boca del difunto, junto con el maíz, para que no pasara hambre y no tuviera carencias espirituales durante su vida futura. Los gobernantes y nobles eran sepultados portando máscaras mortuorias de jade para que los Señores del Inframundo los identificaran dándoles un trato especial, de acuerdo a su jerarquía.


