El Jade

El valor del jade, antes que material, era de índole mágico-religioso, por lo que la piedra fue utilizada para la elaboración de objetos sacros y artísticos. La posesión del jade era marca de alta jerarquía y la aristocracia se embellecía con orejeras, pendientes, collares, máscaras, pectorales y muñequeras donde lucía la piedra. Incluso los gobernantes usaban pequeñas piezas para decorar sus dientes.

Al jade se lo asociaba con la fertilidad, los granos de maíz tierno, el agua y la vida. Los chalchihuites (piezas redondas hechas de jade) se colocaban en boca del difunto, junto con el maíz, para que no pasara hambre y no tuviera carencias espirituales durante su vida futura. Los gobernantes y nobles eran sepultados portando máscaras mortuorias de jade para que los Señores del Inframundo los identificaran dándoles un trato especial, de acuerdo a su jerarquía.

El objeto de jade más grande del Mundo Maya fue descubierto en el sitio arqueológico de Altun Há, Belice. Se trata de la cabeza de Kinich Ahau, dios del sol, y tiene una altura de casi quince centímetros y un peso aproximado de cuatro kilogramos y medio.
Los mayas utilizaban e jadel negro en sus ceremonias de magia oculta. El verde claro era el indicado para abrir las puertas del más allá después de la muerte. Este color es el que se encuentra en las tumbas en forma de collares, vasijas y otros utensilios. Era tan apreciado que al cadáver se le ponía una pequeña pieza de jade debajo de la lengua. Un color también muy deseado era el jaguar, verde oscuro con pintas casi negras, color que se usaba en amuletos de buena suerte.