Ritos y rituales curiosos
Más allá de leyendas, el cacao tenía una función esencial en los ritos religiosos. Los mayas creían que la bebida que se conseguía tostando y machacando los frutos les alimentaría después de la muerte. Celebraban rituales religiosos en diferentes fases del cultivo del cacao como por ejemplo la fiesta de la siembra en honor a sus dioses donde sacrificaban a un perro al que habían pintado una mancha de color cacao sobre la piel. Otra práctica habitual obligaba a los plantadores a mantenerse célibes durante trece noches y al llegar a la décimo cuarta, podían yacer con sus esposas y luego proceder a la siembra del cacao. Regar la tierra que tenía que ser sembrada con la sangre del sacrificio de unas aves era otra de las muchas ceremonias que realizaban, así como colocar las semillas en unos pequeños cuencos antes de efectuar unos rituales secretos en presencia de un ídolo al que se ungía con sangre extraida de diferentes partes del cuerpo de una víctima humana.
La bebida de los dioses
"Theobroma cacao L." es el nombre cinetífico que recibe el árbol del cacao o cacaotero. En griego significa "alimento de los dioses": Theos-dios y broma-alimento.
Para los mayas el cacao constituia una cosecha tan importante como el algodón desde el punto de vista comercial. A lo largo de las cuencas hidrográficas de Belice, Guatemala y los estados mexicanos de Tabasco y Campeche se plantaron bosquecillos de árboles de éste alimento. En la península de Yucatán encontraron su hogar en las depresiones llenas de agua de cenotes.
Los granos tostados, molidos en un fino polvo, formaban parte de la subsistencia diaria de los antiguos mayas. Los días comenzaban con una bebida del amargo, espeso y espumoso brebaje. Los granos de cacao se utilizaban para sellar votos de matrimonio, los niños se bautizaban en agua que contenía flores y granos de cacao, las novias de reyes ofrecían a sus esposos jarras de la espumosa bebida y los difuntos respetables se les acompañaba a sus tumbas con jarras cilíndricas pintadas llenas de cacao.
Los granos valían su peso en oro y sirvieron como moneda de cambio hasta bien entrada la época colonial. En la época de la conquista española, con un grano se compraba un tamal o un aguacate, con tres un pescado envuelto en hojas de mazorca y con cien un esclavo.



